Un año atrás

Foto: Cortesía

Ya casi un año, un nuevo año …

Cuando me refiero a un nuevo año, no estoy hablando sobre el típico feliz año nuevo o volver a tener 365 oportunidades, sino de un año más de vida… Desde siempre ella había pensado en como serían sus 25 años, soñaba con ese año, con ese momento y con esas metas. Ya casi está por dejarlo todo atrás. Sin duda alguna ha sido un gran año para ella, quizás el que más la ha marcado. No sólo porque logró cosas que jamás pensó que lograría, sino porque ha tenido que tomar muchas decisiones y dar grandes saltos para ser quién es en este momento.

Para ella ha sido difícil recorrer todos estos días, recorrer este año. Ha sido el más solitario a pesar de estar acompañada en muchos aspectos. Hay que tener valor para aprender a querer la soledad interna y abrazarte cuando más lo necesitas. Muchas veces creyó que estaba haciendo lo correcto, cada día se exigía más para lograr lo que siempre había querido y eso no estaba mal, hasta que se dio cuenta que no importa lo mucho que luches internamente, la mejor manera de ayudarte es dejando que las cosas fluyan solas.

Hoy en día piensa que desde el día 1 que comenzó su nuevo año de vida (25), nada ha sido como lo soñó, deseo o pensó, todo ha sido diferente. Entre risas y muchísimas lágrimas descubrió una nueva versión de ella, más fuerte, más firme, más decidida. Muchas veces hacer lo correcto es una mierda. Este año le enseñó que el dolor de alguna forma te ayuda a sanar, que todo mejora y que nunca nadie haría por ella, lo que ella estaría dispuesta a hacer por los demás. Nunca imaginó que el amor era tan cruel y que a la vez te daba la sensación de estar volando, pero lo que jamás olvidará de este año es que aprendió a reír gracias a ella misma, gracias a esas cicatrices que las llevó durante tantos años. Hay que soltar, dejar ir y alejarse cuando es necesario.

Se dio cuenta que el trabajo duro no siempre es compensado de la mejor manera, pero eso no dejaba de impulsarla para seguir adelante, muchas veces no lo hacía por ella misma, sino para tener la frente en alto cada vez que alguien la veía como sí no hiciera nada, pero al final el mejor y mayor reconocimiento es el que se daba ella misma. Se sentía orgullosa porque sabía que nunca le faltarían las ganas de seguir adelante y que por sobre todas las cosas su familia estaría orgullosa.

Aprendió mucho sobre la rutina, sobre el cansancio emocional y físico, pero aún así no quería dejar contemplar la ciudad de noche, no quería dejar de amar, no quería dejar de reír o gritar. Furia sentía, pero una furia que no era grave, que no era de alarmarse, era el mismo huracán que la había acompañado por tantos años intentando ya no arrasar con todo a su paso, sino embellecer todo a su alrededor. Dicen que después de todo huracán devastador toca renacer y ella lo estaba haciendo.

No fue un cuento de hadas sus 25 años, pero estaba segura de que sus 26 años serán en grande, porque no hay que esperar desesperados, no hay que sentir desesperados, no hay que amar desesperado porque al final del día la única desesperación que debes sentir es el amor por ti misma.

Desde hoy cuenta los días para sus 26 años, a tan solo una semana para despedirse de todo eso que no logró, de todo eso que la hizo sentir mal, de todo eso que pensó que lograría y no pudo, se despide de un empleo que la enseñó que un profesional no sólo es alguien con un título universitario, pero sobre todo se despide del huracán que no deja de llevar y lo abraza con amor para calmar su desenfreno.

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